miércoles, 11 de junio de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO del 11 de Junio: el temor de Dios es una "alarma”

En una plaza de San Pedro repleta de peregrinos, el Papa Francisco, quien como todos los miércoles saludó antes de comenzar la Audiencia a los fieles haciendo un recorrido en automóvil, habló de la necesidad que tenemos del don del Espíritu Santo. Insistió en la importancia de las caricias de Dios, y recordó que no tenemos que centrarnos en el poder, ni en la vanidad. 
El Papa concluyó su serie de catequesis sobre los dones del Espíritu Santo explicando el Temor de Dios. Dijo que "no quiere decir tener miedo a Dios pues sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ama y nos perdona siempre”. 
Explicó que es como una "alarma”. "Cuando una persona no anda por buen camino el santo temor de Dios llama la atención: Así no serás feliz, así terminarás mal... y no te podrás llevar nada ni de tu dinero, ni de tu vanidad, ni de tu poder, ni de tu orgullo”, aseguró.

Habló de las personas que se dejan corromper por estas circunstancias advirtiéndoles que tienen el corazón roto y que así es difícil que se acerquen a Dios, “porque no tiene a Dios en el corazón”. “No son felices”, dijo. “Trata de personas, fabricación de armas…” El Santo Padre dijo:

“Pienso en los que fabrican armas para fomentar las guerras: pero piensen ¡qué trabajo es éste! Estoy seguro que, si yo hago ahora la pregunta:¿cuántos de ustedes son fabricantes de armas? Nadie, nadie. Porque ésos no vienen a escuchar la palabra de Dios. Ellos fabrican la muerte, son mercaderes de muerte, que hacen esta mercancía de muerte.


Texto de la catequesis del papa Francisco de este miércoles 11 de junio


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Don del Temor de Dios, del que hablamos hoy, concluye la serie de los siete dones del Espíritu Santo. No significa tener miedo de Dios, Omnipotente y Santo: sabemos bien que Dios es Padre, que nos ama y quiere nuestra salvación, motivo por el cual no hay motivo de tener miedo de Él. El temor de Dios, en cambio, es el don del Espíritu que nos recuerda cuanto somos pequeños delante a Dios y a su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, respeto y confianza en sus manos. 
 Cuando el Espíritu Santo toma posesión en nuestro corazón, nos infunde consolación y paz, y nos lleva a sentirnos así como somos, o sea pequeños, con esa actitud -tan recomendada por Jesús en el Evangelio- de quien pone todas sus preocupaciones y sus espectativas en Dios y se siente envuelto y sostenido por su calor y su protección, ¡como un niño con su papá!
En este sentido entonces comprendemos bien como el temor de Dios pasa a asumir en nosotros la forma de la docilidad, del reconocimiento, de la alabanza, llenando nuestro corazón de esperanza.

Muchas veces de hecho, no logramos entender el designio de Dios y nos damos cuenta que no somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos la felicidad eterna. Y justamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza, el Espíritu nos conforta y nos hace percibir como la única cosa importante sea dejarse conducir por Jesús entre los brazos del Padre.

Por ello tenemos tanta necesidad de este don del Espíritu Santo. El temor de Dios nos hace tomar conciencia que todo viene de la gracia y que nuestra verdadera fuerza está únicamente en seguir al Señor Jesús y en dejar que el Padre pueda derramar sobre nosotros la bondad de su misericordia. 

Cuando estamos tomados por el temor de Dios, entonces somos llevados a Seguir al Señor con humildad, docilidad y obediencia. Esto no entretanto, con una actitud resignada y pasiva,  pero con el estupor y la alegría de un hijo que se reconoce servido y amado por el Padre. El temor de Dios por lo tanto, no nos vuelve cristianos tímidos, resignados y pasivos, pero genera en nosotros: ¡coraje y fuerza! Es un don que nos vuelve cristianos convencidos, entusiastas, que no se someten al Señor por miedo, pero porque están conmovidos y conquistados por su amor.

Entretanto el don del temor de Dios es también una 'alarma' delante de la pertinacia del pecado. Cuando una persona vive en el mal, cuando blasfemia contra Dios, cuando explota a los otros, cuando se vuelve tirano, cuando vive solamente para el dinero, la vanidad, el poder, el orgullo. Entonces el santo temor de Dios nos pone en alerta: atención. Así no serás feliz.

Pienso por ejemplo a las personas que tienen responsabilidad sobre otros y se dejan corromper;  pienso a aquellos que viven de la trata de personas y del trabajo de esclavo; pienso a quienes viven de la trata de personas y del trabajo de esclavo; pienso a quienes fabrica armas para fomentar las guerras... Que el temor de Dios les haga comprender que un día todo termina y será necesario rendir cuentas a Dios.

Queridos amigos, el salmo 34 nos hace rezar así: “Este pobre grita y el Señor lo escucha, lo salva de todas sus angustias. El ángel del Señor se acampa entorno a aquellos que lo temen y los libera”. Pedimos al Señor la gracia de unir nuestra voz a la de los pobres, para recoger el don del temor de Dios y poder reconocernos junto a ellos, revestidos de la misericordia y del amor de Dios, que es nuestro padre, nuestro papá. ¡Qué así sea!


Texto de la catequesis en español

Queridos hermanos,


El temor de Dios, don del Espíritu Santo,  no quiere decir tener miedo a Dios pues sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ama y nos perdona siempre. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, aquella actitud de quien deposita toda su confianza en Dios y se siente protegido, como un niño con su papá. 

Este don del Espíritu Santo nos permite imitar al Señor en humildad y obediencia, no con una actitud resignada y pasiva, sino con valentía, con gozo. Nos hace cristianos convencidos de que no estamos sometidos al Señor por miedo, sino conquistados por su amor de padre.



Finalmente, el temor de Dios es una "alarma”. Cuando una persona no anda por buen camino se instala en el mal, cuando se aparta de Dios, cuando se aprovecha de los otros, cuando vive apegado al dinero, la vanidad, el poder o el orgullo, entonces el santo temor de Dios llama la atención: Así no serás feliz, así terminarás mal... y no te podrás llevar nada ni de tu dinero, ni de tu vanidad, ni de tu poder, ni de tu orgullo. 

Que el temor de Dios nos permita comprender que un día todo terminará y que debemos dar cuentas a Dios.

 Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Nicaragua, El Salvador, México, Argentina y otros países latinoamericanos.
 Pidamos al Señor que el don del temor de Dios nos haga sentir su amor y su misericordia en nuestras vidas. Muchas gracias.


 

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