sábado, 23 de marzo de 2013

DOMINGO DE RAMOS ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

¿Qué es lo que nos invita vivir la celebración del Domingo de Ramos?
  • Mediante la procesión, se nos invita a alabar y bendecir al que ha venido en nombre del Señor, para traer su Reino a los hombres.
o   ¡Y a abrir de par en par nuestras puertas a Jesucristo!
o   ¡Y a trabajar para que todos los pueblos y todos los corazones se abran para acoger al Mesías Salvador!
  • Mediante la lectura de la Pasión recordamos que el Reino de Dios que acogemos no es como los reinos de este mundo:
o   No se basa en el poder, sino en el amor.
o   No impulsa a dominar, sino a servir.
o   No anima a competir por los primeros puestos, sino a saber escoger los últimos, por amor.
o   No se realiza sólo cuando se cosechan triunfos espectaculares, sino que el verdadero triunfo consiste en vivir una entrega humilde, servicial, callada y cotidiana.
  • La plegaria y la comunión Eucarística nos invitan, finalmente, a asociarnos a la Pascua del Señor, uniendo nuestra entrega a la suya.

¿Qué significado tiene el Domingo de Ramos  en nuestra vida?
 

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas.


Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...”


Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él.


Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero.


Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.



Al  llevarnos las palmas benditas a nuestro hogar, debemos recordar:


- que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar.


 -que la palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, "como un testimonio de la fe en Cristo, 

Rey mesiánico, y en su victoria pascual."

Oración para poner las palmas o ramos de olivo benditos en el hogar:

Bendice Señor nuestro hogar.
Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.
Por tu intercesión danos paz, amor y respeto,
para que respetándonos y amándonos
los sepamos honrar en nuestra vida familiar,
Sé tú, el Rey en nuestro hogar. 
Amén


Procesión de Ramos: Lc 19, 28-40: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

En aquel tiempo Jesús acompañado de sus discípulos caminaba adelante, subiendo a Jerusalén.
Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Vayan al pueblo que está enfrente; al entrar, encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, contéstenle: “El Señor lo necesita”».
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el burrito, los dueños les preguntaron:
«¿Por qué lo desatan?»
Ellos contestaron:
«El Señor lo necesita».
Luego llevaron el burrito adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.
Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo:
«¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».
Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron:
«Maestro, reprende a tus discípulos».
Él replicó:
«Les aseguro que, si éstos callan, gritarán las piedras».

Lc 22,14 - 23,56: Pasión del Señor Jesucristo según San Lucas 


14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
15 y les dijo: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios."
17 Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: "Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios."


19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío."
20 De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
21 "Pero la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
22 Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!"
23 Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
24 Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
25 El les dijo: "Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;
26 pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.
27 Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28 "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
29 yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

31 "¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos."
33 El dijo: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte."
34 Pero él dijo: "Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces."
35 Y les dijo: "Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?" Ellos dijeron: "Nada."
36 Les dijo: "Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
37 porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: = "Ha sido contado entre los malhechores." = Porque lo mío toca a su fin."
38 Ellos dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas." El les dijo: "Basta."
39 Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron.

40 Llegado al lugar les dijo: "Pedid que no caigáis en tentación."
41 Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
42 diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya."
43 Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
44 Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
45 Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza;
46 y les dijo: "¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación."

47 Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso.


 48 Jesús le dijo: "¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!"
49 Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: "Señor, ¿herimos a espada?"
50 y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
51 Pero Jesús dijo: "¡Dejad! ¡Basta ya!" Y tocando la oreja le curó.
52 Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían venido contra él: "¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos?
53 Estando yo todos los días en el Templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas."
54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
56 Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: "Este también estaba con él."





57 Pero él lo negó: "¡Mujer, no le conozco!"
58 Poco después, otro, viéndole, dijo: "Tú también eres uno de ellos." Pedro dijo: "Hombre, no lo soy!"
59 Pasada como una hora, otro aseguraba: "Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo."
60 Le dijo Pedro: "¡Hombre, no sé de qué hablas!" Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo,
61 y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: "Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces."
62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
63 Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban;
64 y cubriéndole con un velo le preguntaban: "¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?"
65 Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66 En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hicieron venir a su Sanedrín





67 y le dijeron: "Si tú eres el Cristo, dínoslo." El respondió: "Si os lo digo, no me creeréis.
68 Si os pregunto, no me responderéis.
69 De ahora en adelante, el Hijo del hombre = estará sentado a la diestra = del poder = de Dios." =
70 Dijeron todos: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?" El les dijo: "Vosotros lo decís: Yo soy."
71 Dijeron ellos: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca?"





La subida de Jesús a Jerusalén
557: «Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén» (Lc9,51). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección. Al dirigirse a Jerusalén dice: «No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lc 13,33).
558: Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén. Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: «¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!» (Mt 23,37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos» (Lc 19,41-42).
La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén
559: ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey, pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de «David, su padre» (Lc 1,32). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación («Hosanna» quiere decir «¡sálvanos!», «¡Danos la salvación!»). Pues bien, el «Rey de la Gloria» (Sal 24,7-10) entra en su ciudad «montado en un asno» (Zac 9,9): no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños y los «pobres de Dios», que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores. Su aclamación, «Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Sal 118,26), ha sido recogida por la Iglesia en el «Sanctus» de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560: La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el Domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.




ERES TU, SEÑOR, QUE ENTRAS

A lomos de un asnillo, humildemente
y sin más pretensión que cumplir
la voluntad de Aquel que te sostiene.
Para celebrar tu pasión, muerte y resurrección
y, sufrir, llorar y morir
para que no lo hagamos por siempre nosotros.

ERES TU, SEÑOR, QUE ENTRAS

Rodeado de música y de salmos
con palmas en las manos, vítores y aclamaciones
Porque, tus horas tristes, aunque sean grandes
hoy son anunciadas y publicadas de esta manera:
Siervo, entre los siervos
Pobre, entre los más pobres
Obediente, has la muerte
Dócil, en el camino hacia el madero
Fuerte, ante la debilidad de los que te rodean.

ERES TU, SEÑOR, QUE ENTRAS

Sales al escenario de la Jerusalén
La ciudad que hoy te aclama
y, la urbe, que mañana te dará la espalda
La ciudad que hoy te bendice
y, el bullicio que mañana gritará: ¡crucifícale!
Avanzas por esa ciudad, Jerusalén,
que son las calles por las que nosotros caminamos:
encrucijadas de falsedades y de engaños
de verdades a medias que son grandes mentiras
de amistades y de traiciones
de fidelidades y de deserciones
de amigos que compran y se venden.

ERES TU, SEÑOR, QUE ENTRAS

Porque sabes que, para ganar,
hay que saber perder
Porque con tu entrada triunfal en Jerusalén
nos invitas a dejarnos enterrar
para que en un amanecer despertemos a la eternidad
Porque, al ascender por nuestras calles
nos muestras que, en la cruz que te espera,
se encuentra multitud de respuestas
ante tantos interrogantes del hombre.


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